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Einstein sobre sí mismo

 
 

Textos: Dr. Antonio Moreno González



Philipp Lenard (1862 - 1947)


 



Charla en un congreso de
estudiantes judíos, 1924

En su juventud, Einstein no se sintió integrante de la comunidad judía acaso porque en su familia, salvo un tío suyo, no vivían la condición de judíos como quienes realmente la ejercían. Sus inquietudes religiosas iban por otro camino, porque su formación escolar había sido en una escuela católica. Fue a partir de su establecimiento como profesor en Praga, con 32 años, cuando vio de cerca la situación en que muchos judíos se veían obligados a vivir: en la marginalidad. A partir de entonces fue asumiendo cada vez más que era judío y que además quería serlo, alineándose con el movimiento sionista que reivindicaba un Estado israelí en tierras palestinas. Buena parte de la fama adquirida por Einstein a partir de los años 20, sin duda generada por sus contribuciones científicas, fue debida a su participación por distintos países apoyando el sionismo, y más concretamente participando en actos públicos, a veces multitudinarios, para captar fondos de las comunidades judías de todo el mundo que permitieran la construcción en Jerusalén de una Universidad Hebrea. En algunos momentos en que Einstein dudaba si el movimiento sionista cumpliría las expectativas de establecimiento pacífico e integrado con el pueblo árabe - fracaso del que diariamente tenemos noticias - llegaba a dudar incluso si estaría mereciendo el esfuerzo que hacía por la creación de aquella universidad: temía que se convirtiera en un seminario teológico judío.

Dedicó buena parte de su tiempo no sólo a manifestarse en público, también publicó artículos y manifiestos tratando de provocar en el pueblo judío la identificación con ellos mismos, que en muchos casos por temor al desprecio, la exclusión y la persecución trataba de ocultar quienes eran. Se esforzó por reconocer las señas de identidad judías que situó en "el ideal democrático de la justicia social, conjugado con el ideal de ayuda mutua y de tolerancia entre los hombres" junto con"la elevada consideración de toda forma de aspiración intelectual y de esfuerzo espiritual". Rasgos, estos, fundamentales para Einstein de la tradición judía "que me hacen dar gracias a mi destino por pertenecer a este pueblo", escribe en el artículo "¿Por qué se odia a los judíos?" ( Collier´s Magazine , Nueva York, 1938).

Apoyándose en estudios de antropólogos reconocidos, Einstein sostiene que el pueblo judío no es una raza en sí, aunque como tal sea considerado por la propaganda política en que se apoya la persecución a que históricamente se vieron sometidos y causa de la dispersión con que pueblan el mundo. Por sus señas de identidad, porque en pequeños grupos eran, en definitiva, pobladores de todo el mundo, y podía considerárseles una amenaza si unían sus fuerzas en una acción conjunta y diseminada, era a lo que Einstein achacaba "la causa fundamental del odio hacia los judíos que hoy crece con ferocidad en Alemania", dice en el artículo antes citado.

El antisemitismo fue tan obtuso, cegador y radical que Philipp Lenard, premio Nobel de física en 1905 por sus trabajos sobre los rayos catódicos, interesado por el efecto fotoeléctrico antes de que Einstein encontrara la ley cuántica que lo rige, incluso durante un tiempo profesor de Mileva, por todo ello muy estimado por Albert Einstein, arremetió contra la relatividad y contra Einstein a quien despectivamente calificaba como "el pura sangre judio" asi como contra la "ciencia judía", olvidándose de sus deuda con Hertz, judíos también, a quien Lenard debía buena parte de sus éxitos científicos.

Hasta tal extremo llegó la intolerancia y agresividad de Lenard que llegó a decir disparates como "es evidente que el judío carece de entendimiento para la verdad, a diferencia del científico investigador ario en su búsqueda esmerada y seria de la verdad...La ciencia, como cualquier otro producto humano, es racial y está condicionada por la sangre".

   
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